“Es con una tristeza tan arraigada, y tan poco dispuesta a ser desalojada, que me comporto en mis compromisos habituales con una firmeza que otros confunden con satisfacción; y es con el más profundo pesar, y con una desolación que no puedo asimilar, que me dirijo a usted a una hora que no he elegido, pues me veo obligado a confesar que su ausencia ha alterado la textura misma de la vida, y, con un corazón largamente probado, encuentro que el más mínimo recuerdo es suficiente para perturbar la ecuanimidad que me esfuerzo por mantener; y a pesar de toda esa disciplina, cuestiono, dudo, me abstengo, no sea que cualquier admisión resulte más costosa que el silencio.”

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